“Bacanal:

La Fiesta del Vino”

Nuevo espectáculo de Maracaibo Teatro

Por Antonio González Beltrán

Teatro de calle y teatro en la calle, el nuevo espectáculo de Maracaibo Teatro, Bacanal: La fiesta del vino, profundiza en las técnicas que vienen siendo habituales en sus anteriores grandes montajes, que suelen ser más estáticos Solo Mediterráneo o Raquel, la judía de Toledo, en contraposición con los desfiles y pasacalles que también figuran en el repertorio de la compañía ilicitana.

Zancos, grandes artilugios móviles, títeres gigantes, actuación, danza, pantomima, máscaras, canto, incluso bailes de salón, todo ello subrayado y enriquecido por un vestuario muy elaborado, por una sugerente banda sonora que recorre todo el montaje, y, envolviendo el conjunto, un constante alarde de pirotecnia y manejo del fuego, pueden ser elementos comunes en ambas vertientes de sus espectáculos al aire libre.

 

No se trata de teatro de calle al uso, aquí se debe hablar más propiamente de teatro en la calle, pues se ahonda más que de costumbre en la utilización de un texto muy cuidado, sabiamente seleccionado por Cristina Maciá, que va desde la poesía culta antigua a la vanguardia poetista de Carlos Edmundo de Ory, pasando por el refranero, la colección de brindis tradicionales o las canciones tabernarias. Y el caso es que la importante presencia del texto no impide el necesario ritmo vivaz que necesita el teatro de calle, sino que sirve de apoyo y motor para la acción espectacular; por eso "teatro en la calle", porque el espectáculo se desarrolla tanto sobre el escenario como en la plaza, sin sillas, en un juego interactivo con el público, que participa animado en la acción propuesta por los actores y actrices, pero siempre con el concepto de espacio escénico único, sin cuarta pared, evidentemente, donde intérpretes y espectadores llegan a confundirse en algún momento, pero donde siempre queda claro el papel de demiurgo del actor o la actriz, o su conjunto.

 

Mitología, la Taberna, la Vendimia y la Bacanal

Son las cuatro grandes escenas en las que se divide este espectáculo, que se representa sin interrupciones. Cada bloque desarrolla el título a que hace referencia y profundiza en él, desde el nacimiento del dios y su entorno mitológico, el primero, que viene a proponernos "un universo de alteridad", al culto del vino en el segundo, como inspirador del frenesí liberador; continuando con el orden estacional, le sigue el otoño, que traerá la vendimia y con ella la alegría; y el espectáculo culmina cuando el propio Baco realiza su llamada al frenesí del trance, hacia una "desconcertante extranjería".

Un hermoso espectáculo, pues. Variado, dinámico, divertido, con buenas dosis de humor en muchos momentos, poético en otros, profundo a pesar de su caparazón ligero, en el que realmente el público bebe buen vino -por la textura me pareció de Hondón- y se ve buen teatro. Un gran espectáculo muy mediterráneo, con cuatro muy buenos actores, que también bailan y cantan con gracia, y cuatro muy buenas bailarinas, que también actúan y cantan ajustadamente. Ellos: Mariano Martínez, Roberto Martínez y el feliz regreso a las tablas de Xavi Rico. Ellas: Cristina Ruiz, Ana Carreño, Vanessa Yago, y, al frente de todos

Cristina Maciá y Juan Carlos García, que dirigen el montaje y la puesta en escena, con la colaboración musical de Ángel Alfosea y los expresivos decorados de Wenceslao Pérez.

 

 

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