UN DÍA, UNA HORA

 

Un espectáculo escrito muy seriamente por niños, destinado a ser visto por adultos con humor.

 

El titiritero argentino Javier Villafañe recorrió muchos caminos con sus muñecos, después de cada función pedía a los niños que escribieran un cuento. Reunió más de 30.000; una cuidada selección fue editada por Caracola.

 

Los que como nosotros tuvieron la suerte de conocer el libro, se vieron primero sorprendidos y luego fascinados. ¿Son literatura?, no lo sabemos. En cualquier caso, nosotros encontramos fantasía, género negro, simbolismo, absurdo, plagio, comedia, drama, tragedia, chiste, minimalismo, folclore, fábula, costumbrismo, ciencia ficción, metaliteratura...

 

¿Hacer un espectáculo teatral con estos textos? –dijo alguien en voz baja-, ¿es posible?. ¿Para adultos? –inquirió alguien más incrédulo-. Todos nos miramos, todos volvimos a leer los cuentos. Una idea que en principio nos parecía absurda, nos fue cautivando, y... bueno, aquí están, ustedes verán que es posible...

 

La crítica ha dicho:

 

Llevaba gafas negras. Y contaba cuentos que le contaron a un titiritero, por estos caminos. Su sonrisa era como es menester, ancha, de oreja a oreja, pero toda la fuerza teatral, que cosa, residía en su pelo. Fuerte, largo y rizado y con dos recogidos de los de toda la vida. Como sea, me hice con una foto en la que salía con un dedo acusador siendo graciosa.

 

En realidad, al rato, la traicioné con otra actriz. Pero yo es que soy así. Me enamoré de otra de pelo corto, con cara de traidora y de formas más rotundas. Esta, como no llevaba un pelo tan guachi ponía más énfasis en su cuerpo, y contaba cuentos que le contaron por los caminos como con el cuerpo, no sé si se me entiende. Lo que pasa es que la que se quedó así más con la gente fue una pequeña, descaradota, que se creía los cuentos que le habían contado.

Llevaba el grupo una aparición y yo estaba muerto de risa y ayyyy!!!! de amor. Y claro, como confundido.

 

Son cinco actrices dirigidas por Jesús Arbués, y ahora en serio, te enamoras. Pues un poco de todo, de la propuesta, de lo que cuentan, de lo que rapean, de lo se mueven, de la blancura de las prendas, de las mentes infantiles y retorcidas, de la risa.

 

Pero al final, te enamoras del Teatro, que es pues de lo que se trata.

 

Ahora, en las noches de invierno, cuando los elefantes sueñan con la música, miro esos amores de verano, fugaces, refrescantes, deliciosos, en pequeñas fotografías de color, y aparecen divertidas, risueñas, como ensayando quien firma el último cuento: un niño de Almudévar, o una niña de Zaragoza: mientras ellas pasean de la mano de su amor por la lejana Huesca.

 

 

 

 

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